Lo que Dios quiera

Hoy me marcho de Nairobi. Vuelo a España durante la noche. Ocho horas de vuelo que dejan atrás Kakuma, Lokychoggio, Lodwar, Nairobi, Kangemi, Nemelik, Gitanga… palabras y lugares que hace tan sólo dos meses no significaban absolutamente nada y ahora parecen formar parte de la más pura cotidianeidad. Pero sobre todo dejo muchas personas. Gente de la que no tenía constancia, y ahora son historias, rostros y nombres que nunca volverán a ser indiferentes.

Vuelve a llover. Igual que aquella primera semana. Me dicen que están seguros que volveré. Yo sonrío y por dentro quisiera creer que será verdad. Siempre será una gozada volver al lugar donde aprendí a ser sacerdote y volví a tocar con los dedos el porqué soy jesuita.

Que sea lo que Dios quiera, nunca mejor dicho. Adiós, Kenia.

[Con esta experiencia se termina también la razón de ser de este Blog. Tengo que pensar si darle otra orientación o bien cerrarlo. Gracias a todos los que me habéis animado a seguir escribiendo y a los que de una u otra manera os habéis hecho presentes durante este verano.]

Global World

Ya voy asumiendo que salí de Kakuma, que aquí los espacios son más amplios, más amigables, que el mundo va más allá del campo y sus problemas… pero cenas como la de hoy me dejan con la sensación de que el mundo es realmente pequeño.

La última vez que vi a Manolo fue tomando un café en el Ayala (Oviedo) hace unos cinco meses. Él está trabajando en Tanzania con Médicos del Mundo. Ayer hemos estado cenando juntos en un restaurante Etíope en Nairobi. También nos acompañaba Miriam, una simpática vasca de Alboan que ha venido a una reunión de directores regionales del Servicio Jesuita a Refugiados, y Sandra, colombiana a punto de empezar como directora de proyecto en Darfur.

Lo mejor ha sido que los cuatro compartimos pasión por el trabajo de cooperación y fuerte vinculación con la Compañía de Jesús. Así que ayer, muy lejos de nuestras casas, y durante un par de horas, pudimos soñar juntos, compartir horizontes, y realimentar ese sentido de misión compartida que cada vez más fuerte se me ha hecho presente durante este verano.

No sé si volveremos a juntarnos, no creo que importe… la cosa es que los cuatro, creo yo, salimos más fuertes, incluso diría con más fe y más esperanzados. Y en estos contextos, bien falta que hace.

En la cama

Le dispararon por la espalda y desde entonces no puede caminar. Lleva años tumbado en este colchón. Vive con su mujer y sus tres hijos en este cubículo desde hace cinco años. Ayer estuve en su “casa”.

15 minutos. Sólo fue ese tiempo. Pero no me lo puedo quitar de la cabeza.  No es digno, no es justo, no es humano. No entra en nuestras categorías, rompería cualquier esquema. No puedo decir ni su país. No puedo dar su nombre. Tengo que difuminar su cara. Pero yo no puedo olvidarlo.

Refugiados Urbanos

Esta semana he vuelto a tener la ocasión de acompañar al equipo del JRS en las visitas a los refugiados que están hacinados en los “slams” de los alrededores de Nairobi. La situación de estas gentes es peculiarmente dramática, pues no cuentan con la ayuda de Naciones Unidas y muchos de ellos no tienen reconocido ni siquiera el estatuto de refugiado. El JRS trabaja en este área con el proyecto llamado Parish Outreach Program, del que ya escribí a raíz de Sister Mercy.

La paradoja es que si estos “urban refugees” son reconocidos como refugiados, les obligarán a ir a vivir a uno de los campos, cosa de la que muchos no quieren ni oír hablar pues supone volver a moverse y empezar de nuevo en ambiente hostil. Pero si no tienen el mandato de Naciones Unidas, no pueden acceder a las ayudas de diversas agencias trabajando para refugiados, con lo que se quedan a las puertas de dispensarios sin papeles y por tanto sin posibilidad de ayuda. Se dan dramáticos casos dignos de denuncia.

Una vez más, el JRS detecta los casos más vulnerables de población impedida o enferma y los sigue mediante una interesante red de parroquias y trabajadores sociales. Se les dan alimentos, se ofrece formación, se hacen microcréditos para empezar pequeños negocios y se les hace un seguimiento quincenal. Lo que me parece más interesante es que se siguen los casos para denunciar y asesorar legalmente, así como se establece una intensa relación de visitas que en sí ya es enormemente beneficiosa para ellos. Tener una visita, saber que alguien se preocupa, sentir que no están sólos… tan sencillo y tan potente, tan fácil y tan escaso.

Pedagogía Africana

Todas las mañanas viendo este cartel a la entrada del campo, no podía menos que hacerle una foto y ponerla en el blog. Dudo que a nadie se le escape el mensaje de un hombre con un candado en la bragueta y tirando la llave al río.

Independientemente de lo acertado o no de la abstinencia como medida “realista” contra el SIDA, es interesante la estrategia de concienciación por medio de carteles llevada a cabo por varias de las agencias trabajando con los refugiados. Los mensajes se refuerzan con frases en camisetas en las que se puede leer constantemente “Acaba con la explotación sexual”, “No al rapto infantil”, “Habla antes de usar el puño”, “Los hombres correctos educan a sus mujeres”, “Los derechos de la mujer son derechos humanos”, etc…

Parece que esta forma de concienciar por medio de sencillos slóganes repetidos constantemente es eficaz . Especialmente si hay que contrarrestar pesos de tradiciones o prejuicios muy arraigados como en el caso de discriminación de género o de enfermedades de transmisión sexual. La iglesia católica ha tomado este método, probablemente influenciada por formas de hacer protestantes, y en las misas constantemente se utiliza la frase “God is good” a lo que toda la asamblea repite “all the time”.

Me llama la atención cómo esta imagen de un Dios bueno en todo momento es la forma de contrarrestar prejuicios religiosos muy arraigados también en todos nosotros. Durante este verano, yo mismo me lo he tenido que repetir en unas cuantas ocasiones. Especialmente el “all the time”.

Compañeros

Estos días estoy disfrutando especialmente de estar con otros jesuitas. Una de las cosas que más he echado de menos en Kakuma era el no tener compañeros cerca. Nunca antes había estado dos meses sin ningún tipo de referencia comunitaria. Se hace extraño. Una vez que aprende uno a vivir compartiendo motivaciones y apoyándose en quienes intentan vivir como tú, se hace difícil el descampado. Me ha costado seguir caminando sin tiempos de compartir hondo, conversaciones cómplices, frustraciones que se reparten e ilusión que se contagia.

He echado de menos compartir mi trabajo, y acompañar mi descanso, discutir horizontes y entusiasmarme con otros. Todo esto lo he vivido con mis compañeros del JRS. Pero hay algo, no sé bien cómo explicarlo, que sólo puede entender el que comparte esta locura de la Compañía. Sólo el que ha quemado las naves y apostado todo en esta carta, puede entender lo mucho que hay en juego en cada misión y en cada sueño. Sólo quien ha pasado por lo mismo puede acompañar, de verdad, ese cansancio realista que reseca la oración y apaga el entusiasmo. Hoy doy gracias a Dios porque me ha llamado a estar con otros, tan locos o más que yo. Sólo con ellos, honestamente, entiendo mi vocación. Y sólo Dios sabe cuánto les he echado de menos.

Hoy precisamente es el cumpleaños de uno de los compañeros al que debo más de media vocación. Está en colombia, terminando su teología. !Felicidades Rober!

Aperos turkanos

Tanto me han visto preguntar e interesarme por el peculiar pueblo turkano que en la fiesta de despedida me han regalado todo un set de aperos turkanos. Se trata de una especie de manta llamada “lorwanta” de colores chillones. Normalmente es su única vestimenta. La utilizan para cubrirse por la noche cuando duermen al raso y como medida contra el calor, puesto que no llevan nada debajo.

Me han regalado también un brazalete llamado “abarait” que a su vez sirve de cuchillo y como arma de defensa. Por último el “Akicholong” que es un simpático taburete de madera que siempre llevan a todos los lados en la mano… así pueden sentarse donde quieran, puesto que son nómadas y pastores. Cuando se tumban en el suelo a dormir o descansar, usan el akicholong para apoyar la cabeza y así ponerla lejos del alcance de los insectos y reptiles. Me duele el cuello sólo de verles hacerlo.

Así que no hay hombre turkana que no vaya con su lorwanta, abarait y su akicholong, y también con un bastón. Aunque últimamente entre los más jóvenes se han puesto de moda las camisas militares, que les dan un aspecto bélico que les debe de gustar mucho. Desde luego, lo que es a mí, me siguen dando mucho respeto.

Solo tras dos meses me he atrevido, el último día, a hacerles unas cuantas fotos a los turkana. Hoy las he subido a flickr.

Unidos en la misión

Ese ha sido mi último deseo con el equipo del JRS. Es apasionante ver cómo un grupo de laicos está volcado en un trabajo e identificado con una visión llena de nuestra espiritualidad y que se basa en la intuición de Arrupe de 27 años atrás. Me impresiona además el que no haya ningún jesuita en Kakuma y, sin embargo, este grupo de ocho laicos está llevando adelante una de las fronteras más actuales de la misión universal de la Compañía de Jesús.

Ya comentaba en otro post que el JRS es conocido aquí por su compromiso con los más pequeños y su buen hacer con los refugiados. Saber que el JRS es parte de nuestra misión me hace sentir enormemente orgulloso de ser Jesuita. No me importa dónde tenga que trabajar, lo que tenga que hacer, cuál sea mi lugar concreto… sabiendo que instituciones como esta están funcionando así, merecerá la pena cualquier esfuerzo por mejorar, reforzar, y llenar de Espíritu la misión de la Compañía.

Por eso les insistía antes de marcharme. Unidos en la misión, compartiendo el mismo Espíritu y trabajando en la misma dirección. Sabiéndose en el mismo barco, parece que duele mucho menos despedirse.

Dos días de viaje

Ya estoy de nuevo en Loyola house, no me lo creo. Salí de kakuma ayer a las 7.00 de la mañana, tras una sencilla misa con el equipo del JRS. Y hemos llegado hoy a Nairobi a eso de las cinco de la tarde. Dos días de viaje por unas carreteras de película… de terror. Pero bueno, siempre es buen momento para hacer equipo, recordar andanzas, y sobre todo conocer algo de Kenya más allá del desierto turkano. Puesto que no voy a tener tiempo de hacer turismo, al menos he podido ver desde el coche algunos gorilas, cebras y flamingos. Me ha recordado los mejores tiempos de Liberia en plena selva.

¿Lo malo? que tengo la espalda reventada de tanto bache y horas en el coche. Interesante viaje, si señor, que además me ha dado cierto tiempo psicológico para aceptar que ahora estoy en Nairobi. Me cuesta hacerme a la idea de que no voy a ir al campo por la mañana, que ahora toca oficina y computador. Veamos cómo se nos da esta semanita.

Bye Kakuma

Hoy me voy de kakuma. Fiestas de despedidas, momentos emocionantes… Parte de mi trabajo ha sido hacer una presentación del “Kakuma project” que está comenzando en este septiembre. He preparado una presentación de todo el trabajo que el JRS está desarrollando aquí. Ayer ha sido el estreno.

Aún no he tenido tiempo de asimilar que me voy de Kakuma. Pero sí puedo decir que he dejado aquí más de medio corazón y el convencimiento de que si tuviera que estar aquí algunos años, podría desarrollar un buen trabajo y yo sería el hombre más feliz del mundo. Creo que esta certeza es el mejor regalo que me han podido hacer estas gentes.

En fin, hoy me voy para Nairobi…